Comentario al evangelio para el jueves 7 de julio 2011
P. Vianney Lorenzo Solís Soto
San Mateo 10, 7 – 15.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: “Vayan y proclamen que el reino de los cielos está cerca. Curen leprosos, echen demonios. Lo que han recibido gratis, denlo gratis.
No lleven en la faja oro, plata no calderilla, ni tampoco alforja para el camino, ni túnica de repuesto, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento.
Todos los aspectos que implica la misión del discípulo, son ante todo: Dejarse llevar por Dios.
Curar enfermos, es restaurar lo que el pecado a echado a perder, el mundo de hoy necesita ser sanado de muchas cosas que se han perdido, y que es necesario restaurar.
Resucitar muertos, es luchar por que las personas tengan una vida digna; hoy mucha gente muere, porque no tiene dignidad, no tiene acceso a las necesidades básicas a la que los seres humanos tienen derecho y cada día se ven más reducidas: vivienda, trabajo, salud, ambiente limpio y tantas más.
Limpiar leprosos, es dignificar la vida, de tantos que son despojados del sentido de su vida: los niños agredidos, las mujeres engañadas y abandonadas, las usadas en la prostitución, los trabajadores sin derechos
Echar demonios, es liberar de todo lo que no nos permite ser personas en todos los campos, es la capacidad de denunciar todo lo que aparenta ser bueno, pero tiene la piel del mal, en términos de los evangelios, tiene ropaje de bien, pero su piel de de maldad. El misionero y la misionera están llamados a desnudar ese falso ropaje, que oculta la corrupción y la injusticia.