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Historia de San Carlos Borromeo
Nuestro Patrono
 
 
San Carlos, cuyo nombre significa "hombre prudente", ha sido uno de los hombres más ilustres que ha tenido la Iglesia Católica. En días difíciles de la Edad Media Europea llevó a cabo verdaderas reformas en la Iglesia luchando por la fe ante el surgimiento de ideas protestantes.

Este hombre sencillo nació en el Castillo de Arona (en la actual Lombardía) el 02 de octubre de 1538 en Milán, Italia. Hijo de una familia de nobles de la época. A sus 12 años fue seleccionado para sacerdote, pues siempre dio señales de ser muy consagrado a los estudios y exacto cumplidor de sus deberes cada día.

A los 21 años obtuvo el doctorado en Derecho en la Universidad de Milán. Cuando regresó a su casa, se encontró con la noticia de que el hermano de su madre, el Cardenal Médicis, había sido nombrado Papa con el nombre de Pío IV, y éste, admirado de sus cualidades, nombró a Carlos como secretario de Estado. Luego, el nuevo Papa lo hizo cardenal diácono y lo nombró administrador de la Diócesis de Milán, cargo que desempeñó correctamente, pese a tener tan solo 23 años.

Entre los logros que caracterizaron a San Carlos está el hecho de que se le atribuye el éxito del Concilio de Trento donde se tomaron decisiones importantes para la vida de la Iglesia Católica. En la educación impulsó el catecismo en los niños formando catequistas para no dejar todo el trabajo a los sacerdotes. Otro de sus logros fue que fundó 740 escuelas de catecismo con 3,000 catequistas y 40,000 alumnos.

Fundó, además, 6 seminarios para formar sacerdotes bien preparados y redactó para esos institutos unos reglamentos tan sabios, que muchos obispos los copiaron para organizar, según ellos, sus propios seminarios. Fue amigo de San Pío V, San Francisco de Borja, San Felipe Neri, San Félix de Cantalicio y San Andrés Avelino y de varios santos más.

Murió cuando tenía apenas 46 años, el 4 de noviembre de 1584. En Arona, su pueblo natal, le fue levantada una inmensa estatua que todavía existe. Su devoción y sus obras se propagaron por todo el mundo. El Papa Pablo V lo canonizó santo en el año 1610.
 
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