Comentario al evangelio para el sábado 25 de junio 2009
San Mateo 6, 5 – 17.
En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaúm, un centurión romano se le acercó rogándole: - “Señor, tengo en casa a un criado que está en cama paralítico y sufre mucho.”
Jesús le contestó: - “Voy a curarlo.”
Pero el centurión le replicó: - “Señor, no soy quien para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis ordenes; y le digo a uno: «ve», y va; al otro: «ven», y viene; a mi criado: «haz esto», y lo hace.
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: - “Les aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe.
Hemos venido diciendo en estos días que es en la coherencia de vida, donde se demuestra si de verdad somos o no seguidores de la persona de Jesús. Hoy nos hemos encontrado un ejemplo de ello. El Centurión romano, que de ello no es una persona muy religiosa, pero si tiene sentimientos muy nobles, como el de pensar en los demás, aunque en las estructuras sociales de la época el empleado era esclavo, el lo trata con aprecio, se preocupa por él, incluso hasta dejando de pensar en sí, puesto que es capaz de sacar tiempos del suyo, para bajar a buscar a Jesús. Es un tipo que sabe amar, como lo exige la vida de los creyentes. Por otra parte es un hombre que cree firmemente en la palabra de Jesús. El dice cuando Jesús piensa ir a su casa: «Señor, no soy digno que entres en mi casa, basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano» Este es el tipo de fe que hoy necesitamos, la que nos mueva a actuar con los mismos sentimientos de Jesús; con su mismo amor.